Una leyenda en un México: La india descarnada (foto-trabajo propio)
La leyenda se llama "La India descarnada", una de tantas que no se conocen en la Ciudad de México, que bueno me propongo compartir, no hago ni pongo creepypastas porque por ahi alguien comento que "creepypastas=historia inventada" asi que les dejo esta leyenda que era parte de un proyecto de post para colocar leyendas del D.F. sajenas ala Llorona que es muy conocida, pero que por la extensión corria el riesgo que no leyeran por lo que mejor posteo de una en una ya que ademas varias son largas como esta.
Por mucho tiempo , recibió el nombre de “la casa de la india descarnada” la mansión construida a mediados del siglo xvi por el valiente conquistador Raymundo de Peña Roja , que hoy día se ubica en esquina de Ernesto Pugibet y Carlos Pacheco , en el numero 69.
A pesar de su estado ruinoso, conserva un sello de misterio y majestuosidad, que lo hacia destacable entre los edificios virreinales. Se dice que nadie pudo habitarla, pues de arriesgarse, perecería de manera violenta y sobrenatural. Y es que en ella mora una maldición y el espectro de la india Macuilxóchitl.
Macuilxóchitl hija de Omeocalli, cacique de la Oluta, en la región de Coatzacoalcos.
Siete años había cumplido ya la niña, cuando el sumo sacerdote de la tribu acudió con el cacique, para comunicarle sus predicciones, solemne, el sacerdote señalo el destino fatal que los dioses marcaban a su hija, en sucesos q cambiarían el destino del pueblo de oluta. A partir de la llegada de seres extraños que habrían de dominarlos, sirviéndose del rayo y el trueno.
Esto ocurriría cuando la niña creciera, pero entonces, el cacique ya no viviría. El punto crucial del mal augurio, le dijo, es q la niña seria la causa de su muerte. Desalentado, el cacique pidió su consejo, aloque el sacerdote le respondió, contundente:
-¡debes sacrificarla! ¡Esa niña solo traerá desgracias para ti y para nuestro pueblo!
_!pero es mi hija! es princesa de oluta!
_es mujer no podrá gobernar sola mejor espera la llegada de un hijo varón
El cacique lo despidió, y enseguida mando a traer a su esposa para comunicarle la mala noticia. Mujer de carácter fuerte y dura de sentimientos, escucho con paciencia todo; solo se alterco cuando este le dijo que era necesario desaparecerla, o sacrificarla incluso.
____! No, Omeocalli! ¡No puedo permitir q mi hija sea sacrificada! Pero acepto desprenderme de ella. La daremos a los mercaderes que pasan por aquí rumbo al tianguis de xicalago. Ellos se la llevaran gustosos.
La niña, que en esos momentos entraba al aposento, corrió hacia ellos. Se abrazo a la madre, llorando.
___! No me aparten de su lado ! ¡Me portare bien! ¡Me quedare quieta en un rincón y no me moveré de ahí para no molestarlos, pero déjenme estar con ustedes!
Omeocalli observo con dureza a su esposa, creyendo que iba a ceder, pero ella solo le dijo:
___ ¿que esperas para llevártela?
El padre tomo a la niña hoscamente y se la llevo entre sus brazos. Poco después, la entrego con unos comerciantes mayas de xicalango, hoy tabasco. Les encargo su cuidado y pidió que jamás la trajeran a sus tierras. La niña escuchaba en silencio, sin llorar, apenas si miro así padre alejarse, con el corazón lleno de pena y de amargura.
Pasaron los años. Macuilxóchitl se convirtió en una mujer de esplendida belleza, era la admiración de quienes la rodeaban.
La joven solía pasar varias hora en el orilla del mar, pues alguien le había contado sobre la profecía del sacerdote. Entonces, acostumbraba meditar:”el dijo que llegaría por el mar los hijos del sol, semejantes a Quetzalcóatl. Y que mi destino estaría ligado a ellos. Y yo se, lo presiento, que uno será el hombre que me amara y a quien amaré”.
El 12 de marzo de 1519se cumplió el vaticinio, ese día desembarco, cerca de ahí, la armada de Hernán cortes. En un inicio, los españoles trataron de convencer a los pobladores de que llegaban en son de paz, pero estos no creyeron tal, y se armó la guerra.
Una multitud de nativos embistió contra los hispanos, con flechas y escudos en mano, en tanto que estos, de menor número, se defendían con espada y lanzas. Casi eran vencidos, pero la intervención de la caballería los salvo; los nativos huyeron ante la presencia de los caballeros los cuales jamás habían visto, creyendo que jinete y corcel eran lo mismo.
Tras la victoria, los soldados se entregaron al saqueo, la muerte de los pobladores, y el abuso de las mujeres. Macuilxóchitl, que se hallaba entre ellas, fue hecha prisionera por cuatro soldados que se la disputaban, discutiendo acaloradamente. Si embargo, tuvieron que soltarla, ante la orden del oficial de las huestes de cortes. Don Raymundo de peña roja.
___!andad, caterva de rufianes! ¡Buscad comida para las bestias y alojamiento para nosotros, si no queréis que os haga ahorcar a todos! ¿No entra en vuestra cabezota que hemos venido a colonizar estas tierras y no a saquearlas?
Cuando los hombres se alejaron, don Raymundo se volvió hacia la muchacha.
___ en verdad sois hermosa. Ahora veo porque esos hijos de barrabas se peleaban por vos.
El capitán se marcho de ahí, pero Macuilxóchitl lo siguió, conmovida y atraída ala vez por su apuesta presencia. Este se dio cuenta y le ordeno, imperativo:
____! Estáis en libertad, mozuela! ¡Aléjate de aquí!
La muchacha se fue, pero su pensamiento en ese momento fue revelador: “algo me dice que este es el hombre blanco que los astros reservaban para mi……
¡Su destino es el mí, no lo dejare jamás!
Durante el tiempo que duro la conquista, siempre se le vio al lado del capitán, solicita y fiel, lo que trajo a la postre, la repuesta amorosa del guerrero.
Diez años después de la batalla de Xicalango, ya terminada la conquista y establecida la ciudad de México, metrópoli de la nueva España, el capitán de peña roja se retiro a su casa recién edificada, en la calle de la candeladilla, hoy Ernesto pugibet. Ahí vivía con Macuilxóchitl, que ya bautizada recibió el nombre de María.
Con el paso del tiempo, la unión entre ambos no fue bien vista por los vecinos, especial mente los españoles, en vista de la notoria desigualdad de origen social y su naturaleza libre, de manera que pronto empezaron las murmuraciones de censura. Mas nada de ello le importaba al soldado, fingía ignorar todo lo que se decía de el, para dedicarse a vivir su feliz romance.
Por esos días, la gente vio entrar en su casa a un sujeto, hombre mauro y algo grueso de carnes, que vestía elegante atuendo, se trataba de don Sebastián de Aguilar y villa fuente, fino caballero que recién llegaba de España.
En la entrevista con don Raymundo, el hombre fue directo en la misión que lo llevaba hasta ahí.
___vengo a ver si sois capas de romper la promesa de matrimonio que habéis entregado a mi hija. Sabed bien que hasta España han llegado los rumores de que vivís en amasiato con una india. Y os juro, que si con mi honor habéis jugado al burlaos de mi hija, caro pagareis la afrenta.
Don Raymundo se incorporo de su asiento, gallardo y fuerte como era, para hablarle también en tono duro.
____sois padre y es vuestro afán muy justo, noble señor, mas veo que ofendéis mi honor. Del capitán de peña roja no podéis dudar. A vuestra hija cumpliré, ¡vive dios!, la palabra que empeñe con ella un día.
Esa misma noche, el capitán llamo ala joven ante su presencia. Sutil arguyo que tenía poderosas razones que le impedía seguir teniéndola a su lado, por lo que debían separarse para siempre. Ella, sorprendida y llorosa, lo abrazo y le rogó;
____!no me desprecies ahora !_ Yo, que os he amado tanto, ¿Cómo pedís que me separe de vos?
____tengo que hacerlo… mas no quedareis desamparada, señora. Habréis de servir ala casa del caballero alonso Hernández.
Sin decir más, el castellano se retiro, dejándola con su pesar. Las últimas palabras de su amante la lastimaron, removieron el acuerdo de su infancia, y la certeza de un destino sellado por la crueldad y el desamparo. Así reflexiono “cuando era niña me regalo mi padre, ¡ahora me regala el también ¡”
Días después, en elegante ceremonia religiosa, don Raymundo de peña roja se unió a doña Elvira de Aguilar, ante el feliz beneplácito de suegro y de la comunidad española.
Y cuando recién casados abandonaban el templo, recibiendo felicitaciones y vivas, una mujer se hallaba escondida tras una celosía del templo. El descubrimiento que hizo fue fatal; el despecho y el dolor dieron el sello definitivo en la tragedia.
__¿con que por eso me alejáis ¿ mas sino yo nos os tengo a mi lado , tampoco os tendrá esa mujer. ¡Lo juro por mis ante pasados!
Salio del templo a escondidas, imaginando que hacer para vengar la afrenta, mientras seguía a la pareja de recién casados, que pronto se retiraron a la casa de peña roja.
Macuilxóchitl acecho afuera de la casa, yendo y viniendo hacia las calles aledañas para evitar sospechas, y cuando el criado se hubo marchado, penetró por la puerta principal
Con su propia llave, cerrándola tras de si.
Recorrió la amplia sala, tratando de imaginar cual seria la alcoba de la “intrusa”, como la llamaba: entre tanto, observo todo a su alrededor, pendiente de cambios o arreglos distintos en la que fuera su casa. De pronto, reparo en la armadura que adornaba el salón, a la que tantas veces había sacado brillo, y sin mas, tomo el hacha que sostenía la mano de la armadura.
Empuñándola, recorrió las habitaciones, sigilosa.
Estas permanecían con la puerta cerrada. La primera, de don Raymundo, estaba en silencio completo; a continuación, una alcoba destinada a las visitas de honor, y al final la que había sido suya. Mas sin acabar de llegar a esta ultima volvió a la segunda, con el presentimiento a flote y la seguridad de una respiración profunda y sosegada que no conocía, y que se escuchaba claramente dentro de la alcoba.
Encunado entro, sin hacer el menor ruido, vio ala española durmiendo en un largo diván. Miro su hermosa cabeza reclinada, su rostro pleno y feliz. Y en el acto, levanto el arma por encima de su propia cabeza, sujetándola con ambas manos, y la descargó, con todas sus fuerzas, sobre el cuello de la mujer, que en el mismo instante abría los ojos.
El hachazo fue certero, la cabeza de la difunta quedo desprendida de su tronco en forma total. La mujer no habría podido detener el golpe, pero desde el suelo teñido donde yacía la cabeza, esta había quedado reclinada hacia atrás, de manera que los ojos, casi salidos de sus orbitas, parecían completar todo lo que hacía su verdugo.
Macuilxóchitl ni siquiera miraba la cabeza espeluznante no el cuerpo decapitado, aun caliente en el diván, porque alterada y fuera de si, tiro el hacha para buscar, afanosa, entre los cajones del armario y las pequeñas mesas de Madera. Pronto encontró joyas y ropas finas, que envolvió en un pequeño bulto.
Poco después, al salir a la calle con el bulto bojo el brazo, serena en apariencia, aun pendo que su plan la alejaría de toda sospecha. Como un rezo o un deseo de protección pensó:
_____cuando la ronda investigue, creerán que la asesinaron para robarla.
Camino varios metros, la tarde todavía imperaba, fresca y diáfana, cuando, de pronto vio la ronda a lo lejos, que en ese momento daba vuelta en la esquina, hacia la calle donde ella venia. Titubeo unos instantes, pero su mente la animo otra vez:”nadie me ha visto, nadie sabe nada, no tengo nada que temer”.reunió el valor, crucial, en ese instante, y fría mente, se dispuso a pasar alado de la ronda.
Su aplomo era tan evidente, que los soldados la miraron pasar sin reparar en ella. No obstante, cuando la muchacha apenas se había alejado un poco, el jefe de la ronda se detuvo, regreso sobre sus pasos, miro en las baldosas un extraño detalle.
____!por las barbas del demonio!____exclamo____mucho me equivoco o del bulto que carga esa india han salido esas gotas de sangre. ¡Eh, muchacha, ven acá!
Al escuchar el grito, Macuilxóchitl se paro en seco, giro sobre si y avanzo hacia ellos, imperturbable, dispuesta a encararlos.
___ ¿que es lo que lleváis hay, india de todos los demonios?____dijo el jefe de rondines, señalando el bulto.
Humilde, con la cabeza baja, escucho su propia voz, adelgazada por el miedo, porque acababa de ver las manchas en el suelo, porque quizás su propia vestimenta estaba manchada. , más firme todavía le contesto:
__son ropas de mi ama, que llevo para lavar.
__ ¿Sí? ¿Y desde cuando la ropa sucia gotea sangre? ¡Trae acá!
La mujer, aterrada, vio como el oficial, con el bulto en el suelo, empezó a deshacerlos en presencia de los soldados. Y cuando termino, un grito de espanto lleno el lugar. Encima del paño extendido se hallaba la cabeza de doña Elvira de Aguilar
____!si yo la mate! ¡Ella me quito al único ser que me amo en la vida! ¡Yo la mate, y la volvería a hacerlo gustosa!
La mujer fue llevada ante el tribunal de la santa inquisición. No se le practico juicio formal, porque a la pregunta directa del inquisidor mayor, ella se acepto culpable del crimen. El tribunal la condeno a la horca y a ser mutilada en la plaza pública.
Días después, la ejecución se llevo a cabo. Mientras que los restos de doña Elvira eran inhumados ante la conmiseración de los vecinos, una multitud furiosa se agolpo en la plaza, dispuesta al escarnio.
Solo en ese momento, en el patíbulo sombrío, oyendo la respiración del verdugo, que le ponía la soga al cuello y le acomodaba las manos en la cuchilla que habría de cortárselas, Macuilxóchitl clamo su última voluntad:
___! No me matéis si el perdón de don Raymundo!
¡El me sabría perdonar, lo sé! ¡Si me matáis sin el perdón de mi señor, mi alma jamás podrá descansar! ¡Lo se!
Insultos encendidos fueron la respuesta del populacho. Y la mujer fue ahorcada en la plaza pública.
Dice la leyenda que días después de la ejecución, empezaron a dejarse de escuchar en la casa de peña roja, tristes lamentos y gritos desgarradores que llamaban al capitán don Raymundo
La gente pasaba por ahí de día o de noche, corría asustada, pensando que se trataba del alma en pena de doña Elvira. La inquietud y el miedo creció en toda la colonia, a tal grado que llego a oídos del alguacil mayo de la nueva España, don pedro de arce.
La noche de ese mismo día, el alguacil decidió averiguar lo que pasaba en la zona, por lo que acudió al lugar en compañía de dos soldados. Mas al amanecer del día siguiente, dos caminantes encontraron tirados, en medio de la calle y frente a la casona siniestra, a don pedro de arce y sus soldados. Los cadáveres no presentaban huellas de muerte violenta o criminal, solo sus gestos expresaban un terror profundo.
El suceso fue comentado por toda la ciudad durante varios días. La gente insistía en que doña Elvira vagaba por la casa en busca de venganza. Ante ello, el santo oficio decidió enviar a un grupo de frailes tenebrarios a la casona de peña roja, con el propósito de realizar un exorcismo.
Hacia la tarde, y provistos de los utensilios requeridos para el caso, los tenebrarios se encaminaron a la casa.
Abrieron la puerta, que pareció graznar como un ave de mala presencia, como la antesala de un mundo ultraterreno. Y eso debió ser en realidad, porque apenas entraron al salón, se levanto un viento frió que giro por la estancia, y con el, gritos y ayes de pena se dejaron oír de una boca descarnada, de esqueleto amarillento que en el mismo instante apareció, volando en medio de la estancia, aullando el nombre de su amado. Al ver a los frailes, el espectro emitió un amenazador aullido, al acto, levanto los muñones de sus manos amputadas, que parecían querer agarrar la vieja soga que colgaba de su cuello sin carnes, como si reviviera esos momentos su ejecución.
Dominando el terror, los frailes le hablaron:
____!en nombre de dios, contestad! ¿Cual es la causa de vuestro penar?
___mi alma no descansara mientras no pueda lograr el perdón de don Raymundo.
___dejad en paz a los vivos, volved a vuestro mundo de sombras, que tal es vuestra penitencia.
El anciano fraile que a si le dijo, levanto en el acto la borla metálica de purificación, bañada en agua vendita, y la dirigió hacia ella al tiempo que rezaba, pero el espectro retrocedió al sentir el líquido, entre aullidos de dolor, desapareció. Solo quedaron los conjuros religiosos y el humo de los sahumerios.
Los frailes se retiraron satisfechos, creyendo que el ritual había logrado el objetivo.
Pero esto no ocurrió porque dos días después volvieron los lamentos, llamando e implorando el perdón del capitán. Por mucho tiempo, los habitantes de rumbo evitaron pasar por la casona, ahora apiadados por el alma de Macuilxóchitl. Todo mundo comentaba que solo el regreso del capitán acabaría con la aparición.
Más don Raymundo de peña roja no volvió jamás.
Por encargo de Hernán cortes partió alas higueras, hoy honduras, el mismo día de su boda, y quizá murió en el sitio.
El espíritu de la antigua princesa de oluta siguió penando durante mucho tiempo. El vaticinio del sacerdote de su niñez señalo indirectamente la tragedia de su existencia, pero nunca sus alcances.
Les dejo las imagenes de las calles en cuestion, en primer lugar Ernesto Pugibet (es donde esta estacionado el trailes blanco a mano izquierda):
Curiosamente la calle que atraviesa es Revillagigedo y Pacheco esta detras como se ve aqui:
No se aun si en el parque entre Pacheco y Pugibet halla habido algo pero de entrada no son calles que se crucen, amenos que sea esta desembocadura de la plaza, que aun es Pacheco:
A mano derecha es la salida de Plaza Pacheco, que aun es el nombre de la calle y de lado izquierdo de la imagen esta Pugibert, si es correcto entonces esa es la casa.
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