No molestes ni me quites.

    Cada día era similar dentro de la Ciudad de México, el ir y venir de la gente en el transporte, ya sea público o particular, el grisáceo y monótono color de las paredes de algunos edificios recordaba el impetuoso crecimiento de la población que en ocasiones parecía más una necedad y un salvaje instinto de despojar el entorno que una acción con razón justificada, organizada y con fines prácticos con beneficios, disfrazado de lo que se conoce como derechos reproductivos; es así que en su loco y desmesurado pseudo progreso se coloca la oportunidad de agilizar el desplazamiento de punto a punto de las centenares de cabezas de gente, cada año, cada lustro con nuevas facetas, novedades y empujes que permitían al ya llamado ganado humano movilizarse acortando tiempos y distancias.
 
    Hacía ya casi 800 años que México-Tenochtitlan había sido fundada, ya así de  600 de su abatimiento a mano ibérica, poco mas de 200 de pertenecer a una entidad económicamente, aunque no mentalmente, independiente y es gracias a todo esto que algunos fantasmas del pasado se guarecieron en sus piedras, muros, árboles, casas y basta geografía local propiciando que el reencuentro fuera en ocasiones aterrador y no en pocos momentos cosa de noticia sensacionalista, pero siempre disfrazado y engalanados  con multicolores trajes de tradiciones y fiestas rimbombantes, glamorosos de emotividad entre lo sacro, lo profano, la realidad y la desmesura de la posibilidad de la fantasía liberadora.
 
    Viajando en sus canales ahora de acero y concreto se oyó una mañana la noticia de un muerto, uno más que se oye en el resto del país, cosa normalizada como  la idiosincrasia no menos mediocre del promedio de la población; un muerto, tendido de bruces, a  mitad de la calle, Francisco I. Madero con el cruce de Isabel la Católica, el cuerpo semidesnudo mostraba rasgos de violencia, arañones y moretones, de marcas de un objeto alargado, llámese tabla, tubo o varilla.. cuerpo largo que impactó al desafortunado hoy occiso en la cabeza hasta casi molersela, por ser la violencia cosa de diario poco sonó en los periódicos y noticias, la nota finalmente seria olvidada 72 hr después.
 
    Sin embargo, apenas transcurrida una semana de este incidente otro cuerpo volvió a aparecer, tendido, boca abajo, ropas raídas, un golpe en la cabeza hasta su desaparición, pero en esta ocasión carecía de mandíbula, arrancada, según las notas forenses difundidas en periódicos amarillistas y enfermizos, de una sola y salvaje sacudida; la gente reunida en rededor intentaba grabar la sabana blanca con la que fue cubierto después que alguien que aseaba las calles capitalinas le descubriera, no sin antes caer de espaldas muerto de espanto; el llamado policial tardo menos gracias a la hora sin trafico,la poca luz favorecía la escena tétrica del cuerpo inerte, el personal de limpia que hizo el hallazgo se guarecía cerca en una tienda 24/7, un café, palmadas en.la espalda para calmar la impresión, los nervios, finalmente arribo la patrulla y el SEMEFO, otra vez en sitio, otra vez atendiendo un caso en una ciudad que peleaba por bajar su indice de violencia mientras él mismo lo fomentaba, no  necesitaba algo adicional, simplemente no se pudo evitar de  cuenta nueva.
 
    Con esfuerzos la sangre anterior había sido retirada, y ahora para dificultarlo más, una nueva yacía abrillantando las baldosas, que de forma extraña, no guardaban rastros de sufrir la violencia que sufrió el ahora difunto sus últimos minutos, no platicaba de un cuerpo traído de otros lados ni mucho menos que cayera de alguno de los edificios en rededor, nada daba pistas, ningún vecino sabía nada, no oyeron nada, no sintieron nada, como si el ahora muerto apareciera de la nada,era el segundo cuerpo, mismo lugar, misma circunstancia y de igual forma sin ser identificable, la carencia de datos o señas empezaba a ser molesta a los peritos, uno era mas que suficiente, dos era entorpecedor... un tercero será cosa de no creer, pero ¿quien querría un tercero o un cuarto?
 
    Así de cuenta nueva la noticia se difundió, duró un poco más la nota al aire, 5 días y fue olvidada, la gente empezaba a.mostrar cierto temor andar ahí, era ya cosa común ver una o dos veladoras... por ahora; el lugar parecía maldito, hechizado en sobremanera, como si hubiese sido condenado  o seleccionado en alma y corazón a cargar en sus costillas la desfigurada y torpe realidad de una aceptación y afiliación a la sangre, violencia y muerte por parte de la misma sociedad que a gritos mudos pedía cesarla, al final, como se dice, "lo que no has de querer en casa lo has de tener": una semana, no fue un tendido en la calle lo que apareció, ahora no, el horror apareció bajo tierra: mientras el tren se vaciaba en la estación Zócalo un olor a muerto inundaba un vagón, las puertas cerraron, el tren inició la marcha, aparentemente normal, a medio túnel disminuyó la marcha a casi imperceptible, la luz disminuía y retornaba, reverberaba  como quien se agita de frio, frio como el ambiente encerrado del vagón, que en un momento quedó a oscuras, segundos que parecieron horas y al retornar la iluminación un cadáver boca abajo yacía a medio pasillo, como los aparecidos calle arriba, las 40 personas presentes jalaron la palanca, entre el horror y la nausea se replegaron a los extremos del mismo, se empujaban para no tener cerca lo que acostumbran ver pagando unos pesos en las primeras planas, noticias y series de televisión y que ahora se les daba si no gratuitamente si notoriamente más económico para deleitar la mórbida costumbre de aplaudir el asesinato, el muertito del día... la noticia finalmente fue olvidada en menos de quince días.
 
    Un mes después se esperaba, sin saberlo, la escena mas inefable de esas delicias cotidianas: un tren a medio camino Hidalgo-Bellas Artes tuvo un desperfecto en su cierre de puertas, la policía interna protegía las dos hojas que carecían de seguro de cierre, mientras era bloquea una de los 8 accesos del vagón la luz se apago mientras el convoy frenaba,  el olor a cadáver empezó, los que iban dentro empezaron a aterrarse, mientras entre murmullos, gritos leves, sollozos y el sonido de pasos de gente alejándose del centro del vagón el sonido de un bulto húmedo se arrastraba desde afuera, un crujir de articulaciones rompía la monotonía de los espantados usuarios, hasta finalmente detenerse en un sórdido silencio, nadie dijo nada, todos intentando con sus celulares alumbrar sin éxito el túnel... hasta que la luz del carro retornó: del techo el cuerpo sin vida de un hombre colgaba boca abajo, su mandíbula abierta en un mudo y álgido grito, sus cuencas oculares eran atravesadas cada una con una flecha... el cadáver movía la cabeza dificultosamente, mirando a sus lados, se arrastró en el techo, buscando salir, al encontrar la puerta abierta cayo al piso y se movió hacia ella, el policía, se hizo a un lado presa del horror, su piel pálida contrastaba con la enegrecida piel cadavérica de la aparición que se movía... esta última brincó del tren torpemente y desapareció entre la oscuridad de las vías, segundos después el tren volvió a su marcha normal aunque aún reverberaban las luces.
 
    Cada mes los eventos se volvían más y más cotidianos, por primera vez en décadas la normalidad de la violencia y la sangre provocada por el ahora aclamado, televisado y siempre en primera plana narcotráfico llegaba a su fin, la gente pedía en las iglesias, sinagogas y centros de culto, como no se había visto en décadas,así como en las conversaciones regulares entre vecinos, comadres, compadres, colegios de todos niveles que ojalá en esos días no hubiera otra aparición, nadie sabía si en su regreso a casa alguno sería el afortunado en vivirla, que ahora en algunos medios se pregonaba si era alguno de los muertos del Centro Histórico que penaba o eran ajenas entre sí, que despertaron junto con las otras por alguna paranormal razón en las mismas fechas. 
 
    Así pues con el discurrir del tiempo las apariciones llegaron a ser de una en quince días a tres diarias, después de las 7 de la noche,  siempre en las estaciones aledañas al Zócalo capitalino, mucha gente temía salir ya con sus hijos o adultos mayores: se sabía de casos de infartados, hipoglucemias, desmayos, crisis de ansiedad y pánico, niños traumatizados que requirieron atención clínica porque la palabra metro los hacia entrar en pavor, pero apenas el último espanto estaba por llegar y nadie podía prepararse para ello.
 
    Una ocasión el metro iba a tope, la gente se preparaba por si lo peor ocurría, un silencio incómodo de gente a la expectativa inundaba cada vagón, las apariciones eran en vagones al azar, sin regla alguna aparente, pero eso si, siempre al centro de los mismos, miradas de preocupación, más de uno iba envalentonado para enfrentar a aquel que se aparecía... marcha normal del convoy, subir y bajar de este en las estaciones, parecía no pasar a mas, eran casi las 934pm, no había señales, al parecer en ese convoy no habría el muertito de la primera plana , al menos hasta llegar a Allende no sucedía nada mas hasta que las luces empezaron a reverberar, cambiar su intensidad por baja de voltaje, el conductor lo sabía, nada podía hacer, jamás ningún tren respondía al mando, ni manual ni automático, simplemente se apagaba, detenía y los gritos empezaban a oirse retumbar en el túnel y así, exactamente así, empezaba a repetirse la escena en el vagón M223, la luz se apagó en este y se recorrió poco a poco a los demás, la gente se movilizó a los otros pues sabían que el aparecido estaría en el 223 y después correría.. ¿hacia donde? nadie sabía pero era mejor que quedarse ahí... las luces volvieron, el tren siguió su marcha y llegó a Zócalo... algunos bajaron y tomaron taxi, otros subieron sin quedarles opción, al cerrar puertas las luces se apagaron pero el tren siguió su marcha hasta medio tunel en donde se detuvo.
 
    Cuando muchos creían que estaría el aparecido las luces encendieron normal...nada extraño... hasta que una voz salio entre los usuarios:
-Joven deje sentar a la señora-
Un señor le decía a un muchacho que de favor cediera su asiento, pero este no atendió la petición.
 
-¡Ey! tú, cédele el asiento cabrón- le increpaba entre un firme pero corto zarandeo
 
    El que ocupaba el asiento ni se inmutó, cabeceó como dormido, pese a los grito e insultos de otros que, cercanos, contemplaban la escena; tras reintentar que el joven vestido de swetter rojo con pantalón azul y una gorra roja con tenis raídos respondiera el señor perdió la paciencia, la señora, favorecida y apenada del gesto del señor, ya había pedido al caballero que no insistie, pero la molestia de aquel era imparable y le dió un buen golpe en la cabeza, agregando insultos a diestra y siniestra... craso error... con el golpe el joven se desplomó entre convulsiones y gemidos horrendos... para luego ponerse en pie lentamente y un olor a podrido empezó a surgir, llenando del vagón... la gente supo que el aparecido volvió y torpemente, aterrada, entre gritos y empujones salió hacia los vagones adyacentes, mientras tanto el señor aterrado veía como el joven que antes sentado y golpeado ahora lanzaba un grito espantoso mientras se le caía la piel y la mandíbula, no sin antes decirle:
 
-¡Yo me siento aquí! ¡yo me siento aquí! ¡Noooo! ¡Nooo! nadie le cede a otros su propia muerte y nadie pide que se la ceda, yo me siento aquí! ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Déjame!-
 
Blanco del susto el hombre sufrió un infarto, la señora se levantó del según ya gloriosamente espacio ganado para sentarse gracias a la caballerosidad y ahora miraba petrificada al joven muerto que, volteando su cabeza 90 grados la miraba sollozante, se desplomó y arrastró penoso hacia una puerta la cual abrió sola, el aparecido miró al resto de los usuarios aterrados y mientras saltaba al tunel decretó:
 
-Hasta que nadie pida ceder su muerte a otro, mientras el otro no quiera que alguien le ceda la suya, que nadie ceda jamás un lugar.-
 
    Esa fue la última aparición, la noticia duró semanas enteras, los que intentaron grabarlo se encontraron con videos y fotos corruptos que no podían ni reenviar ni reproducir, todo fue silencio, nadie supo quien o quienes fueron esos muertos...
 
-Ernesto despierta!, oye estabas gimiendo o quejándote dormido, ¿tenias una pesadilla?-
 
-Ah!... ehmm  si mamá... que horror... soñe sobre unos muertos en el metro...-

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